Hace semanas vivimos un nuevo día de la madre. Probablemente la mayoría nos acordamos de saludar a nuestras progenitoras, de llevar flores o comprar algún regalo o invitarla a X restaurante o espectáculo, o de ir al cementerio quienes ya no disfrutan de tenerla a su lado.

Mientras, en un Chile de elecciones presidenciales el circo por las primarias continúa,  el periodista Fernando Paulsen polemiza con el candidato presidencial de la UDI en el programa Tolerancia Cero (Chilevisión), en la Alameda se congregan más de 8 mil personas por una salud justa, hombres y mujeres marchan por la misma avenida dispuestos a conseguir trato igualitario y porque se apruebe el matrimonio homosexual, ¿quién responde por las víctimas del Tsunami? (producto del terremoto 8.1. del 2010), ¿quién responde por los fallecidos en el accidente aéreo de Juan Fernández?, Beatlemanía toca en su casa de la Reina (Santiago), cada día se saben más antecedentes sobre Antares de la Luz (Secta…), los bancos le roban a la gente y alguna gente le roba a los bancos, vino otro temblor, la historia de “Miguel Angel”, el joven que veía a la Virgen en los 80, aparece en los cines, aunque es recomendable ir a la segura y sacar tickets para “Gloria” de Sebastián Lelio .

¡Lo importante es que no haya quedado una mami sin ser saludada!, exclamó este lunes un locutor de radio, ¡por sus hijos o por el peor es na´ que tenga al lado!. Y me quedé pensando si utilizar aquello para esta columna. Lo digo porque durante la previa al 10 de Mayo, o al 12 del mismo, escuché no sólo una vez la frase “para eso tiene hijos que la saluden” o cosas parecidas, argumentando que era innecesario gastar tiempo y plata para prepararle una sorpresa a la esposa o compañera.

Y vaya que hubiese sido bonito recibir otra respuesta. Y no lo digo por dármelas de metro-marido ni menos por hacer apología del consumo; pero qué le podemos pedir a nuestros hijos si como papás no somos capi de mostrar cierta sensibilidad o gusto por lo bello, y lo que es peor en varios casos, no ser tan tacaños. Porque no nos gusta dar, pero para quejarnos somos mandados, que mi hijo no mueve pie, que no le interesamos, que mi hija tiene un idiota como novio, que no son cariñosos, etc. ¿Y qué enseñamos?

Créanme que alguien que crece viendo a su padre como un tipo cariñoso, probablemente asuma -casi por osmosis o por copia- una actitud más afectiva y por ende más bella. Porque la estética no es patrimonio de las obras de arte. En este ámbito parte por casa, en hacer de lo diario una oportunidad para preocuparse por la raíz. Porque nosotros no parimos y esa condición hace de las féminas seres “GROSOS”: son la vida. Además a qué mujer no le gusta que la sorprendan. Todas quieren sentir que son objeto de un acto fuera de lo habitual.

Esa mujer es probable que sólo necesite ser polola (novia), que el compañero la admire en su rol y además la siga considerando conquistable, invitándola a perderse juntos, teniendo en cuenta qué le gustaría a ella vivir. Es decir, no llevarla nuevamente al restaurante de carnes que nos gusta, el que tiene la tele con los partidos de fútbol, ni regalarle planchas. La idea es todo lo contrario, ser empáticos y ver qué detalle o particularidad podría hacerla sentir única, y no la misma que siempre pone el hombro y entiende todo.

ELLA ES UNA CHICA SOBREESDRUJULA, DE AQUELLAS QUE APARECEN A LO LEJOS, UNA MUJER ACENTUADA Y DE VARIOS COLORES EN LA FALDA.

La invitación es a recordar cuando estábamos recién casados y teníamos tantos sueños, como ser padres, cuando alucinábamos con fotografiarla y darle besos en la barriga. Por qué no preguntarnos qué pasó con todo aquello, con las poesías. Cómo las problemáticas de la vida van a opacar la capacidad de mantenernos cariñosos. Muchos contestarán “es que ya no es la misma”, pero partamos por mirarnos y ver que tampoco somos los de antaño, que estamos más guatones y por sobre todo más fomes y mucho menos creativos, factor que termina por hacer añicos el cuento del príncipe azul, y las lleva a la desilusión y la distancia.

Entonces despertemos, seamos proactivos con nuestra relación y más comprometidos en hacer del proyecto familia algo estético, que tenga que ver con el sueño primero. No olvidar que parieron hijos y que ellos seguro se sentirán orgullosos e identificados con papi si sabemos darle el lugar que corresponde a la reina del hogar. Volvamos a ser románticos y a repletar de alegría la cara de esa muchacha que nos hizo ganarle alguna vez el quién vive a otro. Hagámosla sentir que eligió bien, que no se equivocó.

“Todo acto revolucionario nace de un profundo sentimiento de amor”, decía el Che. Pongámonos la boina entonces para no volver a contestar “para eso tiene hijos que la saluden”.

Lo cierto es que el show de las primarias continuará, los políticos y periodistas chilenos seguirán discutiendo, los enfermos cotinuarán pagando millonadas por sus tratamientos, el matrimonio homosexual en Chile no se sabe para cuándo, siendo que la Iglesia debería agradecerles que aún se quieran casar ya que nadie quiere, ¿seguirán sueltos los responsables de los muertos por el tsunami y por el accidente aéreo de Juan Fernández?, Beatlemanía continuará tocando en La Reina, Antares de la Luz apareciendo por la tele a pesar de su suicidio en tierras peruanas, los bancos le robarán a la gente y alguna gente a los bancos, más temblores vendrán, mientras yo prefiero bajarme por un rato y gastarme bien las lucas invitando a mi Mafalda al cine.

La veo sonreír antes que se apague la luz. Vinimos a ver “Gloria”, el premiado film de Sebastián Lelio.

Sobre El Autor

Periodista, comunicador social y ex tenista, fue columnista del Diario La Época y crítico de cine en revista “Plano 9”, pero se siente más escritor; dos libros publicados: "Encumbrado en la noche de Plaza Italia “ (LOM) y "Momentos y contramomentos" (RIL), y pronto su primera novela. También es pintor con exposiciones en colectivo e individual a su haber. Aunque habría preferido más tiempo para la cocina (su creación, un plato llamado Chamuyo). Le habría gustado estudiar mecánica y dedicarse a la restauración de Escarabajos (VW), maneja un “Vocho” de 1960. Y destaca que tal vez el gran amor por su mujer (Azafata) viene de su película favorita “Dónde está el Piloto”, mismo amor que siente por sus dos hijas y por sus dos fieles perros.