Desde hace unos meses viene circulando en internet la noticia de que Islandia estaría ofreciendo USD 1.800 (otros dicen USD 5.000) mensuales a hombres de cualquier nacionalidad, dispuestos a casarse con una mujer de aquella nacionalidad. El motivo, dicen, es que en la isla hay más mujeres que hombres y que el gobierno esta preocupado por la escasa cantidad de parejas dispuestas a procrear.

Sí, Islandia. Nación europea. El país de Björk. Paraíso natural. Un lugar con una de las mejores licencias de paternidad en el mundo: cinco meses intransferibles para cada progenitor por el nacimiento de un hijo. Una tierra con una población de alrededor de 331.000 habitantes, cuya raíz genética proviene, mayoritariamente, de Noruega (hombres) y de Irlanda (mujeres). A lo que podemos agregar una altísima inmigración de mano de obra polaca.

En resumen: una altísima concentración de ojos claros, pelos rubios o rojos, facciones finas y todo aquello que en la sociedad occidental consideramos bello. Además te van a pagar. El sueño del pibe, ¿no? No es de extrañar que, bajo esas condiciones, la noticia se se viralizara en Facebook y que las chicas de Islandia comenzaran a recibir una gran y sospechosa cantidad de solicitudes de amistad de hombres de todo el planeta.

¿El problema? NO, idiota, NADIE te va a pagar por casarte con una islandesa. Es solo otro ejemplo de fake news.

Olvida tu cuento de hadas islandés.

Evidentemente, de este fenómeno me llaman la atención dos cosas:

UNO. La impresionante capacidad del ser humano de creer cualquier porquería que aparece en las redes sociales o en medios de comunicación de baja estofa, aquellos que juegan con el titular ambiguo, la información no comprobada o directamente con el engaño. Aquellos que tiran la piedra con un video cuadradito en Facebook y luego borran con el codo con un artículo piolita (con titular engañoso, más encima).

Parece ser que la amplia capacidad de informarnos y comunicarnos sólo nos ha vuelto más estúpidos, con una nula capacidad crítica y con una extraña imposibilidad de revisar si aquello que estamos compartiendo es real o no. Finalmente, sólo nos importa tener un protagonismo barato en el timeline de las vidas ajenas, por lo que nos hace sentido el sin-sentido de un supuesto comando de mapuches dirigidos por ex FARC y ex ETA para iniciar la “Tormenta de Fuego”.

DOS. Lo triste y patético que se ve un hombre buscando una mujer a cambio de una generosa mantención económica de un gobierno. Si uno lo toma como algo gracioso, para hacer el chiste con los amigos en el asado, perfecto. Jajajá. Punto.

Ahora, ¿tomarlo en serio? ¿Empezar a agregar a cuánta chica islandesa haya en Facebook? Te queda muy mal. Anda a trabajar, flaco. ¿De verdad crees que una mujer, independiente del país que sea, va a considerarte sabiendo que tu motivación inicial tiene que ver con su apariencia física y con el dinero? ¿Si sabe que tu proyecto de vida es conseguir una “esposa-trofeo”?

Lo que he aprendido del amor en todos estos años es que, además una serie de factores como la confianza, también se basa en el respeto y la mutua admiración. Parte con una atracción física, aunque sea mínima, la que suele mantenerse en el tiempo. Pero esa atracción muchas veces se transforma en el “elefante dentro de la habitación”: A todos les llama la atención, todos lo ven, pero nosotros ya nos acostumbramos y desarrollamos cierta ceguera. Según nos vamos acostumbrando a ver el cuerpo desnudo del otro, también vamos bajando la guardia, conociendo y dejando que nos conozcan. Vamos reconociendo la nobleza personal, los valores, las cosas que nos apasionan.

Va surgiendo el cariño y el amor.

Honestamente, y más allá de casos puntuales, dudo que un hombre y una mujer estén dispuestos a hacerse y mantenerse como pareja si la atracción física no se avanza ni evoluciona. Mucho menos, que piensen casarse “ante dios y el registro civil”. Y menos si un gobierno de un país evolucionado comienza a ponerle precio a sus ciudadanas.

Dejémonos de creer en cuentos, analicemos un poco. Tengamos sentido crítico con lo que vemos en los medios, rechacemos el engaño.

Y la próxima vez que te ofrezcan el paraíso en la Tierra, antes de compartir, piensa en lo ridículo que te ves en ese timeline que tanto te encanta mirar.