Un festival de máscaras puede ser entretenido si hablamos de algún carnaval, una celebración o si estamos en Venecia, en una noche de Halloween o si simplemente asistimos a una obra teatral. Ahora, si utilizamos la metáfora para ejemplificar la nefasta tendencia de algunas mujeres por hacerse cuánto tratamiento estético y cirugía plástica existe, no resulta tan bonito ni alegre el saldo ni la fiesta.

Las cremas, las depilaciones, las manicures y pedicures, las dietas, el ejercicio, los maquillajes y perfumes pueden ser soportables e inocuos a pesar que para nosotros muchas veces sean una pérdida de tiempo y que caigamos en la desesperación cuando son capaces de demorarlas una hora y media en el baño antes de salir. Ahora, cualquier demora es, fue, y será preferible como manito de gato a perderlas bajo la obsesión por la eterna juventud y por los mágicos resultados del bisturí que por lo general no son tan mágicos.

Es cosa de ver cuánta actriz famosa de Hollywood ha quedado toda estropeada producto de ciertas intervenciones. Meg Ryan, Angelica Houston, Nicole Kidman, son algunas de las dañadas por el simple y tonto gusto de no aceptar la belleza del paso del tiempo, por nombrar  las que han acribillado sus caras de manera más notoria, sin referirnos a las que llevan implantes que parecen sopapos en el pecho, glúteos de gallina, ya que no poseen piernas para tales tallas, o las que no han recuperado nunca los tejidos debido a lipo aspiraciones mal hechas. Para qué decir las representantes del medio criollo, partiendo por Gladys del Rio (actriz), Marilú Cuevas (actriz), Mónica Aguirre (modelo), Cristina Tocco (actriz), Sandra Solimano (actriz), Valentina Roth (modelo), María José López (modelo), quienes han llevado la autodestrucción a niveles que alguien que trabaja con su imagen y con su expresión corporal jamás debiera llevar.

Lo peor es que al parecer este es un viaje sin retorno, es decir la que sacó el ticket to ride no vuelve más al mismo paradero y estoy seguro que el arrepentimiento debe ser enorme. Que Meg Ryan daría varios cientos de millones de dólares por recuperar aquella sonrisa de “Cuando Harry conoció a Sally” o de “Beso Francés”. O que Nicole Kidman debe soñar con ver en el espejo nuevamente aquel rostro de “Días de Trueno”, quizás un poquito más viejo pero no dañado ni deforme por la intervención del negocio de la estética femenina, de la silicona, el botox o cuanto producto se les ocurre.

¿Qué se les pasó por la cabeza, chiquillas?. No sé. Sólo les puedo decir que los hombres no buscamos la eterna juventud de nuestras mujeres, que un poquito de estrías o celulitis no nos molesta, que las guatas con los abdominales marcados las consideramos masculinas, y que los traseros muy duros también, que el bajar mucho de peso es lo que más feos ponen los senos, no las marcas de la maternidad, y que nos carga verlas ser esclavas del teñido. Basta con tener un lindo corte de pelo, con personalidad y ser estilosas para ser sexys, nenas.

Un ejemplo de lo que hablo, en toda su expresión, es la actriz y actual maestra en el sistema ISHA, Yael Unger, quien siendo una mujer madura resulta muy atractiva ante los ojos masculinos, quienes vemos en ella un rostro hermoso, una linda sonrisa, grandes ojos claros, un corte y unas canas con mucho carácter y un cuerpo con la calidez de las formas más propias de lo femenino. Eso sumado a todo su cuento personal y a la enorme energía que proyecta hacen de esta mujer un verdadera apología de lo que es cuidar el cuerpo y el alma, y proyectar esa salud a través de una personalidad positiva y de aportarle a la vida, no de quejarse por este o este otro defecto y terminar como las anteriormente nombradas.

Ojalá que el carnaval de máscaras termine pronto, que los elásticos del estiramiento se corten lo antes posible y que las nenas entiendan que los efectos de la gravedad y el paso del tiempo son sexys, y que los modelos de belleza de los centros de estética son sólo el efecto cosmético de un negocio, de un producto creado para ganar dinero y no para hacerlas felices.

Sobre El Autor

Periodista, comunicador social y ex tenista, fue columnista del Diario La Época y crítico de cine en revista “Plano 9”, pero se siente más escritor; dos libros publicados: "Encumbrado en la noche de Plaza Italia “ (LOM) y "Momentos y contramomentos" (RIL), y pronto su primera novela. También es pintor con exposiciones en colectivo e individual a su haber. Aunque habría preferido más tiempo para la cocina (su creación, un plato llamado Chamuyo). Le habría gustado estudiar mecánica y dedicarse a la restauración de Escarabajos (VW), maneja un “Vocho” de 1960. Y destaca que tal vez el gran amor por su mujer (Azafata) viene de su película favorita “Dónde está el Piloto”, mismo amor que siente por sus dos hijas y por sus dos fieles perros.