Aunque la plata siempre es un tema en las parejas, debo decir que no estuvo entre las razones por las cuales Silvana quiso separarse. A pesar de eso, cuando la cosa se puso álgida y en la primera fase de su decisión, en que no me quería ver ni en pintura, el dinero fue usado como una permanente arma ofensiva. Para mala suerte, paralelo a todo ese proceso desgraciado, mis trabajos fueron mermando. Como relacionador público las puertas se han ido cerrando desde que los periodistas fueron entrando a este mundo, pero nunca estuvieron tan cerradas como en ese tiempo en que a la Silvana le dio por molestarme con la plata.

Ella es ingeniera comercial. Cuando tomó la decisión de terminar la relación, estaba en un trabajo muy bueno. Me lo hacía ver con mucha claridad. Y me instaba a que buscara espacios en algún McDonalds. Como la vida es cíclica, ahora estamos los dos con trabajos freelance, con el dinero faltando, aguantando injusticias de los empleadores y todavía no la veo con un delantal del payaso Ronald. Ella misma ha tenido que reconocer que siempre “otra cosa es con guitarra”.

En este extraño estado en el que estamos separados pero nos seguimos necesitando, especialmente para seguir construyendo ese mundo en común que es nuestra hija Natalia, estamos actuando como una verdadera PYME. Todo lo que entra es para una bolsa compartida y se sobrevive el mes. Hasta ahora, y espero no tener que contar otra cosa en futuras columnas, el tema del dinero es particularmente apremiante, depresivo y muy cuesta arriba, pero no forma parte de las discusiones. No sé si soy ingenuo, pero me parece que hacemos un buen equipo en ese sentido. Sólo nos falta un poco de suerte para encontrar más trabajos y que se siga afianzando la olla común.

Recuerdo que cuando lo nuestro aún se decía matrimonio con todas las de la ley, el tema de la plata tampoco fue motivo de peleas. Nos distribuíamos los gastos de la manera más equilibrada posible y cada uno respondía por esos valores. En rigor, debo decir que para Silvana el tema del dinero sólo es útil cuando quiere herir. Es su caballo de batalla cuando está con rabia. Pero no forma parte de su argumentación en un estado de normalidad. Cada uno conoce las claves del banco del otro, las de los cajeros automáticos y hasta hace un tiempo las claves de los correos. A veces yo le pido que saque plata del cajero automático con mi tarjeta o viceversa.

Esa confianza, me imagino o quiero creer, puede servir para algo. Ustedes saben que en esta historia no soy yo el que eligió la separación. Es más: a lo mejor si logramos mejorar el tema de los capitales, capaz que también puedan aumentar las posibilidades de que suban otros bonos. Si es cierto lo que hace algunos siglos dijo Benjamin Franklin, el tiempo es dinero y si el billete es tan importante, entonces no perder tiempo es algo esencial y útil. El provechoso uso del tiempo debe ser lo que regule las acciones. En eso estamos, la verdad. Invirtiendo mucho tiempo.

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