Las máquinas dispensadoras de los mortales ofrecen la ilusión de felicidad en forma de azúcar (gaseosas, dulces, galletas). Las máquinas dispensadoras de los ricos, en tanto, proveen coches de lujo.

Tal es el caso de la Supercar Vending Machine de Autobahn en Singapur, una vitrina lista para liberar un Porsche o un Lambo a quien pueda pagarlos.

OK, técnicamente no funciona como cualquier máquina expendedora. Por una cuestión de tamaño, porque sería un dolor de cabeza meter USD 300.000+ por la ranura de billetes y porque nadie quiere que su auto quede machucado luego de someterse a la gravedad de una caída.

Su sistema es más refinado.

Una vez que eliges un deportivo del inventario (también hay Ferraris, Mercedes, Bentleys…), un vendedor toca la pantalla de su iPad y el coche comienza a descender desde uno de los 15 pisos del edificio donde esperan a su nuevo dueño. Mientras aguardas por su llegada puedes ver un video del coche en cuestión y te ofrecen vino o whisky.

Finalmente, el vehículo aparece en un escenario que gira y que tiene luces especiales para que puedas apreciar cada detalle de tu nueva compra.

Sí, la vida es injusta.