Juan Pablo II, recientemente canonizado, fue el primero en subirse a un automóvil especialmente acondicionado para trasladarse en público y permitir que los fieles pudieran verlo de cerca. Esto ocurrió en 1979, durante una visita a Irlanda.  A ese vehículo lo conocemos como el Papamóvil y ha cumplido un rol importante en la protección del jefe de estado del Vaticano, particularmente desde el atentado del que fue víctima Karol Wojtyła, el 13 de mayo de 1981.

Sin embargo, hoy vamos a hablar del verdadero Papamóvil. Una sencilla Renault 4L, más conocida como Renoleta o Renola, en la que el Papa Francisco I ha sido visto circular por las calles como una persona más. Y es que, a diferencia de la Harley Davidson que le fuera obsequiada -ver nota XY aquí, el Pontífice conservó esta joya automotriz francesa y la ha utilizado de vez en cuando, alternando con un Ford Focus, en esos días en los que no está abordo del vehículo blindado.

¿Cómo llegó a sus manos?

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Llegada de Renzo Zocca al Vaticano para hacer entrega del flamante Papamóvil.

Un día 15 Julio de 2013, para ser precisos, Renzo Zocca, un cura párroco del barrio obrero de Saval en Verona, le escribió una carta al Papa donde le contaba que durante 25 años había tenido un fiel servidor que le acompañaba a diario, de aquí para allá, en su labor parroquial. Sobre todo en su lucha contra la droga, flagelo que había azotado el Villagio Dell’Oca Bianca, colindante a su parroquia.

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Momento en que el Papa ya recibió su Renoleta, similar a la que alguna vez tuvo.

Ese compañero de peregrinación y apostolado, que nunca le dejó botado, era ni más ni menos que su fiel Renoleta (R4). Para el viejo cura era un honor que un Papa humilde y austero la utilizara y por eso se la regalaba. Don Renzo puso la carta en el buzón con la dirección del Vaticano en el sobre, sin decirle a nadie, y simplemente se olvidó del asunto. Sin embargo el 10 de agosto de 2013 recibió un llamado telefónico.

Al otro lado de la línea le habló el Sumo Pontífice quien le agradeció el gesto, pero le sugirió que se la regalara a los pobres. La respuesta del párroco fue: “este auto le ha dado todo a los pobres”. Entonces el Papa le preguntó si tenía otro auto y la respuesta fue que sí tenía otro. Tras esta afirmación, Francisco I aceptó la Renola de 1984 con casi 20 años de uso, 300.000 kilómetros recorridos y con el color preciso para ser un digno Papamóvil: blanco.

Luego, la conversación giró en torno a como concretar la entrega del singular Papamovil y, debido a su cargada agenda de compromisos, Francisco I le señaló que podía ser el 7 de septiembre a las 15:00 hrs. Quedaron de acuerdo.

Don Renzo llegó en la fecha y hora acordada con su flamante Renoleta arriba de una grúa junto a un centenar de vecinos del barrio de su parroquia.

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El Papa abordando su Renoleta para ir a una vigilia por la paz en la plaza San Pedro, en el Vaticano.

Cuando la Guardia Suiza, que custodia a los Papas, vio tamaña procesión, sólo dejo entrar a cierto número de feligreses que acompañaban a su cura párroco. De ahí, Renzo Zocca hizo entrega del mítico vehículo y hasta dieron un paseo por la ciudad del Vaticano, donde de seguramente le enseñó el uso y las mañas que tiene cualquier auto viejo.

Sin embargo, Jorge Bergoglio conoce muy bien este automóvil y quizás esa fue una de las razones para aceptarlo. El mismo comentó, en el histórico y singular episodio, que había sido propietario de una Renoleta en el pasado.

Lo único que queda por saber es cuanto irá a costar este clásico una vez que el Papa decida ponerla en venta. Si se subastará para caridad, como sucedió con la Harley Davidson, seguro habrán muchos coleccionistas que pagarán tanto o más que por la motocicleta. Rememorando parte del diálogo telefónico entre ambos prelados, definitivamente esta Renoleta ha hecho y podrá hacer mucho más por los más desposeídos.

Revivan este momento con los noticiarios que dieron cuenta del hecho: