El 03 de febrero, en poco menos de dos semanas, se realizará en Santiago una fecha del Campeonato de Fórmula E, competencia que nos han descrito como el símil de la Fórmula 1, pero donde corren autos eléctricos. Así, la capital de Chile se une al listado de otras ciudades que albergan fechas del tour, tales como New York, Roma y Hong Kong, entre otras.

Considerando lo poco que resta llama la atención la escasa información que se ha entregado respecto a las razones de fondo que motivan la traída de este prueba al país.

Los organizadores han contado con un decidido respaldo del Gobierno, el cual ha puesto a disposición de la prueba las calles de la ciudad, y también recursos para su desarrollo, monto que ha trascendido llegaría a los 2 millones de dólares. Cuando la cifra se hizo conocida generó una importante molestía entre muchos deportistas del país, quienes alegaron disparidad en la entrega de recursos.

Rápidamente se escucharon voces oficialistas que cuestionaron la precisón del monto aludido, sin embargo más allá de tildar de especulativa la cantidad, no se entregaron las cifras corregidas con el aporte que se entrega a la organización.

Otro aspecto mal atendido son los reparos de los vecinos de los sectores por donde pasará la prueba, quienes pese a expresar su desacuerdo con la iniciativa, poco y nada han podido hacer para impedirla. Tampoco le la ido mejor al alcalde de Santiago, Felipe Alessandri, declarado opositor a la carrera, por estimar que no existe beneficio alguno para la ciudad y sí una serie de externalidades negativas.

La postura de Alessandri colisiona con la mirada de las autoridades de Gobierno, pues tanto desde la Intendencia Metropolitana y la Seremi de Transportes han dejado claro que la carrera se realizará y han desestimado las críticas formuladas desde al gobierno comunal de Santiago.

Un ejemplo de las marcadas diferencias entre ambas partes es la manera en que se realizan los trabajos para adecuar las calles que conformarán el circuito, lo que ha implicado el cierre de vías y la reducción de capacidad de importantes arterias. La temperatura llegó a tal nivel que desde la alcaldía de Santiago se precisó que las faenas no contaban con los permisos municipales correspondientes.

El fondo

Más alĺá de los aspectos mencionados lo que más llama la atención es la ausencia de un discurso preciso y fundamentado que exhiba los beneficios que representa la traída de la carrera a Chile.

Hasta ahora se han escuchado generalidades como el mejoramiento de la imagen país y la internacionalización de la marca Chile, pero eso mismo podría decirse de muchas otras actividades.

Acaso el argumento más repetido por estos días es la contribución de la actividad para promover el desarrollo de la electromovilidad. Detengámonos en esto un momento.

Hasta antes del episodio Fórmula E bien poco se ha conocido de estrategias y políticas estatales de largo plazo para potenciar la presencia de vehículos eléctricos en el país. Solo se escucha hablar de autos eléctricos en invierno, cuando se intensifican los episodios críticos de contaminación del aire.

La situación es tal, que incluso el nuevo plan para la descontaminación de Santiago que empezará a regir este 2018 (que pone restricción permanente a los vehículos con sello verde anteriores a 2012) menciona que se promoverá el uso de los vehículos eléctricos, pero nada dice de cómo se realizará. No hay un capítulo que hable de franquicias tributarias, existencia de subsidios o de cualquier otro mecanismo para estimular su adquisición.

De momento nada parece indicar que por estos días alguien vaya a presentar en detalle los beneficios que representa para el país la realización de esta carrera o cuál es el propósito en que se enmarca, y mientras tanto los preparativos siguen su marcha.

Sobre El Autor

Periodista de carrera irregular que por su falta de convicción en cuanto a su elección se transformó en un alma en pena que abandona y retoma, cada cierto tiempo, el ejercicio de su profesión. Al parecer algo de periodismo hay en su ADN puesto que aún sigue en esto.