En diciembre pasado, Cadillac comenzó la venta del modelo ELR, un coupé híbrido destinado a un nicho pudiente, adinerado y de gusto sofisticado. Un público golden, premium, vip o cualquier combinación entre ellos que inventan los publicistas. Su precio básico es de 75 mil dólares (41 millones de pesos chilenos) y en la compañía creen que la cifra es adecuada al mercado, considerando todas las características de su desarrollo, tanto mecánico como en sus elementos de diseño.

El Cadillac ELR 2014 tiene un rango eléctrico de 60 kilómetros y un rango total de 555 km y su tiempo de carga varía de 12,5 a 18 horas con un cargador de 120 volts o de apenas 5 horas con un cargador de 240 volts. Acelera de 0 a 100 km/h en 7,8 segundos y su velocidad máxima alcanza los 171 km/h. También destaca por sus cuatro modos de manejo -Tour, Sport, Hold y Mountain- que optimizan sus recursos y cuenta con una serie de elementos de confort: asientos que regulan la temperatura, panel LED que ilumina la cabina de manera perfecta, asistencia de estacionamiento, avisos ante olvido de señalizador en un giro y alerta ante una posible colisión.

(Puedes ver más del Cadillac ELR en este sitio)

El Cadillac ELR cumple con parámetros de funcionamiento ecológico y se acerca a estándares de lo que podría catalogarse como un auto inteligente. Es un ejemplo de ingeniería.

Sin embargo, pese a todo esto hay dos elementos que no entran en el puzzle. Uno es que 410 de las 940 tiendas asociadas con Cadillac no quieren ver el modelito en su sala de exposición por lo caro que es mantenerlo en exhibición (personal especializado + gastos en electricidad). ¿El segundo? La promoción del vehículo ha generado un arduo debate sobre la supuesta esencia de la cultura estadounidense y su veneración al trabajo por sobre todas las cosas.

El comercial se mofa de países donde la gente toma un café del trabajo a su casa, de países que se toman más de dos semana de vacaciones (¿hola Europa?) y enarbolan la bandera de que lo único supremo en el mundo es ese impulso americano por el trabajo. En los comentarios que hay en YouTube varios se sienten firmes en ese orgullo, pero hay tantos otros que hacen más de un punto en contra de ese ideal.

Uno es el cuestionamiento del modelo trabajo/producción como ideal de vida. ¿Otros? El ejemplo de eficiencia alemán (que tiene más de dos semanas de vacaciones) o el hecho de que Cadillac sigue funcionando no por el trabajo duro, sino que por rescates financieros estatales y con plata de la gente que paga impuestos.

El lema de Cadillac no ayuda a aquietar aguas: “Tú trabajas duro, tú creas tu propia suerte y solo tienes que creer que TODO es posible”. Sentirse ofendido no es difícil. Un 5% de los estadounidenses tiene dos empleos para poder sobrevivir, mientras que el salario mínimo es de 7,25 dólares la hora. Si se multiplica por 8 (horas diarias de trabajo) y 365 (días del año) eso da un total cercano a los 21 mil dólares (11 millones de pesos), casi cuatro veces menos de lo que vale un Cadillac ELR. Y esa gente, trabaja duro.

¿Cuál es el mensaje?

Bajo esa perspectiva, NO TODO es posible. Una compañía tiene todo el derecho de hacer una campaña destinada a cierto público, pero algo que no puede hacer es pisarse la cola.

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