Hace un tiempo, el desarrollador francés Quentin Lechemia tuvo algo muy parecido a una revelación. Una epifanía.

Para mantener la llama de la pasión, como dirían en algún programa barato de TV, comenzó a enviarse fotos subiditas de tono con su novia. El plan funcionó de manera perfecta, al punto que un día imaginó que en el mundo había otras parejas que disfrutaban compartir imágenes íntimas entre sí o con extraños. Y vino la pregunta: ¿Por qué no crear una red social que permita compartir ese material con el resto del mundo?

En ese entonces estaba claro que Instagram no sería el espacio, ya que la red social ya había empezado a prohibir hashtags con contenido sexual. Nada de #boobs, #ass, ni menos #sex. Así nació: Pornostagram, un sitio dedicado a los usuarios que gozan compartiendo fotos y videos explícitos de su vida sexual.

uplust

Quentin se convirtió en héroe. Sin embargo, a poco andar le llegaron cariñosos mensajes de Instagram que le instaban a dejar de usar ese nombre por la similitud entre ambas marcas. Una táctica habitual entre los grandes bullies del mercado. El acoso fue tan grande que al final Quentin decidió explorar una alternativa y mover todo al sitio Uplust.com.

Uplust es lo mismo que Pornostagram, solo que con otro nombre. O sea:

  • Puedes registrarte y compartir imágenes de manera gratuita
  • Están cubiertas todas las categorías del porno (#milf #teens)
  • Los contenidos pueden ser calificados por los usuarios
  • Existen desafíos que invitan a enviar la mejor foto a partir de un concepto

El éxito de la iniciativa ha sido arrollador. Lechemia lo atribuye a que las personas prefieren ver e intercambiar fotos sexuales de la vida real y que la industria del porno ha abandonado ese mercado vinculado a lo amateur. Para él, lo que la red social de la camarita retro hace no está en línea con lo que pasa en la realidad. Lo resume así:

¿400 millones de usuarios y ni un solo pezón? ¡Eso no es la vida real, muchachos!