El sábado pasado, el título de los pesos medios de la UFC estaba en disputa. En un rincón, el brasileño Anderson Silva, considerado casi con elocuencia como el mejor luchador de todos los tiempos en la categoría. Al frente, el campeón defensor Chris Weidman. Era una noche fantástica hasta el momento en que la tibia de Silva se fracturó al golpear a Weidman.

Las imágenes son dolorosas, aunque no tanto como la procesión interna de Silva, quien debió ser retirado y trasladado de emergencia a un hospital, donde se le practicó una cirugía. La pregunta que queda: ¿será el fin de su carrera?